29 de marzo de 2023
Esta es la historia de un rincón de paraíso enclavado entre las montañas y el mar de Sicilia y de un apicultor, Rosario, que a los 6 años vio por primera vez un enjambre de abejas colgado de un árbol de durazno. Quedó fascinado.
Ese zumbido, ese tanto ajetreo vibrante para producir, esa mecánica natural que funciona tan bien. Un himno al despertar y a la vida. Y Rosario, esa misma vibración que siente en los oídos, en ese momento, también la siente en el corazón. Y su padre lo ve y entiende: el instinto le dice que no es un capricho temporal de un juego lo de su hijo, sino un verdadero imprinting con la naturaleza y uno de sus principales actores: la abeja.
Decidió, entonces, apoyar esa pasión y conexión que Rosario tiene con estos pequeños insectos y su hábitat pidiendo a un apicultor de confianza que fuera mentor de su hijo.
Así, Rosario aprende a mirar más allá del filtro de su propia realidad e interactuar con el mundo diminuto: la lógica detrás de la cual estas pequeñas criaturas construyen su casa, hecha del mismo material del que ellas mismas se alimentan, una casa que pueda proteger y nutrir a cada miembro de la comunidad de abejas, cada uno con su rol dentro de un ecosistema perfectamente estructurado. Rosario ha aprendido cómo interactuar con este mundo, respetando sus ritmos y necesidades.

