Regreso al Etna: historias de agricultura y permanencia

por Lucia Perasso

9 de mayo de 2025

Nacer en Sicilia significa, tarde o temprano, enfrentarse a una encrucijada: partir o quedarse.

En los últimos años, Sicilia ha perdido aproximadamente el 3,4% de su población, con una tendencia que, según los datos del Istat, podría llevar a una disminución adicional del 12,6% para 2042. El grave declive demográfico y el abandono progresivo tienen múltiples causas: la baja natalidad, pero sobre todo la falta de oportunidades laborales y la carencia de servicios esenciales impulsan la emigración hacia el norte de Italia o el extranjero. Las zonas interiores, rurales y montañosas, como la región del Etna, están particularmente afectadas por este fenómeno, con un vaciamiento progresivo que pone en riesgo la supervivencia de las comunidades locales y las prácticas agrícolas tradicionales.

En los últimos años, el concepto de restanza ha adquirido un significado profundo y actual para los territorios marcados por un fuerte despoblamiento. La restanza indica la actitud de quien, a pesar de las adversidades, elige quedarse en su tierra natal con la intención de mejorarla y regenerarla. Un acto de resistencia y resiliencia que se opone al despoblamiento.

En un sector, el de la agricultura, donde la renovación generacional cuesta enraizar, este concepto adquiere una importancia crucial. En este contexto, las historias de Roberto y Davide, agricultores de la red Boniviri, cuentan una versión alternativa y son testimonios de restanza, de coraje y de arraigo.

Roberto Carbone es agricultor y custodio de los aromas y fragancias del Etna, que tras graduarse en ciencias y tecnologías alimentarias convierte su entorno en un “laboratorio al aire libre” entre plantas medicinales, hierbas y especias autóctonas. En 2018, Roberto comienza a dedicarse a este rico patrimonio de biodiversidad en Trecastagni (CT), en el corazón del Parque Nacional del Etna. Allí inicia su proyecto contracorriente, SARI, del que es fundador y agricultor de primera generación.

El proyecto de Roberto empieza a crecer; al terreno en las laderas del Etna se suma el laboratorio de transformación donde nacen las infusiones y tisanas. La colaboración con Boniviri surge a partir de estos productos y encuentra terreno fértil en la visión de Roberto sobre la agricultura responsable y la valorización del patrimonio local.

La historia de restanza de Davide Scaravilli habría saltado una generación, si no fuera por el llamado del Etna que desde Nueva York lo hizo regresar a los Montes Nebrodi. Ante su encrucijada personal entre quedarse en Estados Unidos o volver a Sicilia, Davide decide regresar para gestionar la finca agrícola de sus abuelos y construir una vida entre los olivos donde creció y donde se producen el Garbato y las monocultivares Ogliarola Messinese y Nocellara del Etna de la selección Boniviri.

Sus historias demuestran que quedarse no es solo un acto de valentía, sino también una elección valiosa para regenerar territorios y comunidades.

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