Fecha de publicación: 2 de junio de 2021
Una de las consecuencias negativas relacionadas con la industrialización del sector agroalimentario es la eliminación de todas aquellas especies difíciles de replicar en un modelo lineal y no acorde con los estándares de demanda, con la consiguiente reducción de la biodiversidad alimentaria.
Hoy el mercado destruye la biodiversidad. La falta de variedad comercial de los productos agroalimentarios es un problema demasiado a menudo ignorado. En Italia, según Coldiretti, en el siglo pasado existían 8.000 variedades de frutas, mientras que hoy hay poco menos de 2.000 y de estas, 1.500 se consideran en riesgo de desaparecer debido a los modernos sistemas de distribución comercial que favorecen la gran cantidad y la estandarización de la oferta.
En cuanto a la industria de productos animales, los datos son igualmente impresionantes: una raza animal de cada cinco en el mundo está en peligro de extinción (hay menos de 1.000 animales). Gracias a los avances en la zootecnia, el sector agroindustrial ha comenzado a concentrarse solo en algunas razas comerciales con altos rendimientos de leche y tiempos rápidos de crecimiento (a menudo gracias al uso de antibióticos) para reducir los tiempos necesarios para llevar el producto al mercado, maximizando las ganancias.
Un ejemplo de cómo la lógica del mercado puede afectar negativamente a la biodiversidad y, en consecuencia, a nuestra dieta es el de la banana, una de las frutas más populares a nivel mundial. De las más de 500 variedades de bananas, solo encontramos una en el mercado (Cavendish), la única que ha logrado conquistar el gusto de los occidentales porque está completamente libre de semillas. Esto ha llevado a la conversión de todos los cultivos de bananas en Asia, Australia y Sudamérica en monocultivos destinados exclusivamente a esta variedad de fruta. La fragilidad de este sistema emerge cuando patógenos infecciosos atacan los monocultivos, y eso es precisamente lo que está sucediendo con la Cavendish. Un hongo del suelo conocido como tropical race 4 (TR4) ha comenzado a atacar las plantaciones en todos los principales países productores. Si la infección no puede detenerse, la Cavendish corre el riesgo de extinguirse en pocas décadas y actualmente no existe una especie lo suficientemente fuerte para reemplazarla. La única forma de salvarla es una intervención dirigida en el genoma, lo que significa que en el futuro podríamos tener solo bananas genéticamente modificadas.
Para evitar el colapso ecológico, es necesaria una transición de los sistemas agrícolas intensivos a métodos agroecológicos como la rotación de cultivos, la fertilización verde y la eliminación de pesticidas y fertilizantes, funcionales tanto para la restauración de los ciclos naturales del suelo como para la conservación de los recursos y los polinizadores.
Es importante ser conscientes de que hay muy poco de natural en lo que comemos. Las variedades agroalimentarias que llegan a nuestra mesa son en realidad el resultado de décadas de selección artificial que ha llevado a un sistema tan eficiente como frágil.
Problemas como este deben abordarse a nivel global: se requiere un esfuerzo colectivo para que se adopten medidas capaces de cambiar el actual modelo agroindustrial, un proyecto ambicioso que ponga en el centro la transición ecológica, la agroecología y la biodiversidad alimentaria.

