8 de junio de 2021
Actualmente, el 80% del agua dulce disponible se utiliza en la agricultura. Cuando alcancemos los 10 mil millones de personas en 2050, ¿cómo produciremos alimentos sin dañar el planeta?
El aumento de la población mundial y el calentamiento global están ejerciendo una fuerte presión sobre el sistema alimentario y los recursos hídricos.
Según una estimación de la Organización Mundial de la Salud, para 2025 la mitad de la población mundial vivirá en áreas sometidas a estrés hídrico, donde la demanda de agua utilizable superará la disponible, poniendo en riesgo la supervivencia de millones de personas.
¿Y si existiera una fuente infinita de agua que pudiéramos usar para la agricultura, aumentando así la producción de alimentos sin afectar más los recursos del planeta? Según muchos innovadores, la solución al problema del agua siempre ha estado ahí, a nuestra disposición: ¡el agua de mar!
Los invernaderos de agua marina
La idea es usar lo que tenemos en abundancia para producir lo que necesitamos. Desiertos, agua salada y luz solar se utilizan para producir alimentos, agua y energía limpia.
El invernadero de agua marina, diseñado por el inventor británico Charlie Paton, es una instalación en la que, mediante un innovador sistema de desalinización alimentado por energía solar, el agua de mar, conducida directamente desde el mar, se usa para enfriar y humidificar el aire, mientras que el vapor de agua producido por el calentamiento solar se destila para producir agua.
Este sistema permite mantener una temperatura dentro del invernadero hasta 15°C menor que la exterior, recreando las condiciones ideales para el crecimiento de diversas variedades de frutas y verduras. El consumo de agua se reduce en un 90% y, si se necesita una cantidad mayor, se utiliza agua marina desalada.
Otro aspecto particularmente interesante es que el vapor de agua residual crea un efecto oasis también fuera del invernadero, haciendo posible la renaturalización de las áreas circundantes. "Queremos hacer verde el desierto", afirma Stake, responsable del Sahara Forest Project. "Cuanto más grandes sean las áreas que podamos hacer verdes, más carbono almacenamos en el suelo". De esta manera, los invernaderos pueden convertirse en un elemento fundamental en un proyecto aún más ambicioso, que apunta a la reforestación de áreas desérticas enteras, principalmente el Sahara.
Los resultados son prometedores
En Port Augusta, en el desierto del sur de Australia, se encuentra Sundrop Farms, un invernadero de agua salada que produce 17,000 toneladas de tomates al año, cubriendo así el 13% del mercado australiano. La instalación es completamente autónoma desde el punto de vista energético gracias a 23,000 paneles solares, que le permiten producir la energía necesaria para desalar el agua de mar.
Las ventajas son numerosas:
- Las plantas se cultivan sobre suelos elevados, haciendo posible este cultivo prácticamente en cualquier lugar
- No se necesita ningún tipo de pesticida (nada dañino puede entrar en los invernaderos)
- No se utilizan combustibles fósiles (la energía solar autoproducida cubre toda la demanda)
- El único agua utilizada proviene del Golfo de Spencer o directamente del océano
- La producción es continua: en los meses más cálidos el agua desalada mantiene fresco el invernadero, permitiendo el crecimiento de los tomates, mientras que en los meses más fríos la estructura se calienta gracias a los rayos solares
Todos estos elementos hacen que el cultivo en invernaderos de agua marina sea extremadamente resiliente a todo tipo de condiciones externas, evitando varios problemas de la industria agroalimentaria actual, siendo el principal la volatilidad de los precios.
En los últimos diez años, se han construido invernaderos de agua marina en Somalia, Jordania, Omán, Tenerife y Abu Dhabi. Todas estas áreas son extremadamente áridas y dependen en gran medida de las importaciones de productos agrícolas extranjeros, a menudo en condiciones no muy favorables. Este tipo de innovación puede representar el punto de partida de un camino hacia una mayor producción interna, siempre limitada debido a la escasez de recursos hídricos y suelos poco fértiles.
Los invernaderos de agua marina son una de las armas más efectivas a nuestra disposición para evitar una crisis alimentaria global. Actualmente, el 80% del agua dulce se utiliza para la agricultura y, con una población prevista de 10 mil millones en 2050, es necesario actuar con urgencia para reducir este consumo. El concepto de tierra cultivable deberá expandirse necesariamente para incluir los desiertos y las áreas más secas del planeta. Estas podrían convertirse en la clave para un sistema alimentario más sostenible y justo.

